Por Fernanda Vallejos

Las calles de Avellaneda se fueron colmando desde temprano. Con la alegría popular de la que hablaba Jauretche, cientos de miles de argentinos y argentinas, se amucharon en un Arsenal repleto de almas ansiosas por escuchar a su líder. Hasta que ella entró, para satisfacer tanta expectativa.

 

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Las miradas de esos hombres y mujeres, #UnidosPorLaBandera, como rezada el hashtag que recorrió las redes desde la mañana, parecían confirmar que la espera había valido la pena. Se podrían decir muchas, muchas cosas. Porque los ojos, las miradas, dicen, a veces, mucho más que las bocas. Pero si, desde esta perspectiva de cronista en la que intento pararme, tuviera que sintetizar todo aquello que se traslucía en la multitud de ojos de todos los colores que habitaron la tarde Sarandí, elegiría una: ESPERANZA.

 

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Cristina Fernández de Kirchner. Esa mujer que pone nerviosos a los dueños del poder en la Argentina. A la que intentaron decretar el “fin de ciclo”, la cárcel y hasta la muerte. La “shegua”, la “loca”. Esa mujer, como sustuvo Artemio López en nuestro último programa, dio muestras de gozar de la mayor vitalidad política. Como los cargos que ocupó y que, dijo, se los dio el pueblo, también la vigencia, la trascendencia de su figura emana de allí. A ese pueblo le habló de los dolores, de las angustias cotidianas, porque “nos desorganizaron la vida”, porque “así no se puede vivir”. De ellos se rodeó en el escenario. De “hombres y mujeres de carne y hueso”, con sus “historias de vida”. A ellos, explicó, se debe UNIDAD CIUDADANA, para representar esos intereses: jubilados, pensionados, inmigrantes latinoamericanos, pequeños productores, empresarios PyMEs, comerciantes, trabajadores, estudiantes, científicos, investigadores. Uno por uno los hizo subir al escenario. Relató las penurias que han debido atravesar por el cambio que se produjo en la economía nacional en los últimos 18 meses. Los hizo protagonistas. Y lo más importante: les habló de “volver a tener futuro”. Hubo lágrimas, sonrisas y, otra vez, esperanza.

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El himno nacional que, en el día de la Bandera, coronó el acto, pareció brotar desde lo hondo de los cientos de miles de almas que ya, a esa altura de la tarde, abrigaban una certeza: “vamos a volver”.