NOTAS AL PROYECTO DE REFORMA LABORAL

Nota nro. 1 – Mensaje

Por Fernanda Vallejos

El gobierno ha girado al Congreso de la Nación su proyecto de Reforma Laboral. En el mensaje expone un diagnóstico sobre “el campo del trabajo y la producción”, al que me referiré en esta nota.

Allí se habla de un “marco institucional” al que se considera causal de “a) persistencia de la tasa de desocupación (8,7%) y del índice de trabajadores no registrados (33,7%) y b) estancamiento de los niveles de creación de empleo asalariado en el sector privado (variación del promedio anual desde el 2° trimestre de 2011 al 2° trimestre de 2017: 0,7%)”. Agrega que “todo ello se profundiza en un contexto de inseguridad jurídica, provocada por la alta litigiosidad…”.

Lo primero que diré es que empieza mal parido un proyecto que se basa en un diagnóstico falso. ¿Qué virtud puede portar un proyecto nacido de la mentira?

a) sobre la tasa de desocupación

No hay persistencia en la tasa de desocupación, como dice el gobierno. De hecho, las estadísticas oficiales son elocuentes. Hay dos políticas diferentes, con dos modelos económicos diferentes y, a cada uno, le corresponden resultados diferentes: caída de la desocupación entre 2003 y 2015 y retorno a la desocupación creciente en 2016 y 2017.

Considerando la tasa de desocupación para los segundos trimestres de cada año, entre 2003 y 2017, la evolución ha sido la siguiente:

  • En el año 2003 la tasa se ubicaba en el 17,8%.

  • La tasa se redujo de manera notable hasta el año 2015, llegando a ubicarse en 6,6% (11,2 p.p. de reducción en 12 años).

  • En el año 2011, la tasa de desempleo había alcanzado un nivel de 7,3%. Luego de lo cual, continuó su camino descendente hasta alcanzar el 6,6% de 2015, ya señalado.

  • Entre los años 2015 y 2017, con el cambio de gobierno y de política económica, para ser más precisa, la tendencia a la reducción de la desocupación en nuestro país, se vio bruscamente alterada. La tasa se elevó desde el 6,6% de 2015 hasta el 8,7% de 2017, mencionado en el mensaje del proyecto elevado por el PEN (2,1 p.p. de alza en 2 años).

  • Ergo, no hay presistencia. 

  • La política económica ejecutada durante los gobiernos de los presidentes Néstor y Cristina Kirchner, obtuvieron contundentes resultados en favor de los trabajadores, reduciendo el desempleo a un ritmo de caída de 0,93 p.p. promedio anual.

  • La política económica aplicada por el actual presidente Macri, está obteniendo los resultados exactamente inversos. El desempleo ha vuelto a crecer, tristemente, en nuestra Argentina, a un ritmo incremental de 1,05 p.p. promedio por año.

b) sobre el nivel de creación de empleo asalariado privado

No existe estancamiento en los niveles de creación de empleo asalariado en el sector privado, como quiere hacer creer el gobierno. Entre los años 2003 a 2015 se verifica, de acuerdo con los datos del SIPA, un crecimiento en el empleo, es decir, creación neta de empleo. Por el contrario, se observa destrucción de empleo entre 2015 y 2017.

Tomando en consideración los segundos trimestres de cada año, como propone el mensaje del ejecutivo:

  • En 2003 existían 3.666.776 trabajadores asalariados registrados en el sector privado. Ese número se elevó, casi duplicándose, hasta los 6.553.511 en 2015.

  • La variación del promedio anual de creación de empleo para el periodo 2003-2015 fue de 5,5%. En tanto si consideramos el periodo 2011-2015, ese promedio fue de 1,25%.

  • Entre los años 2015 y 2017, al asumir la presidencia Mauricio Macri, estas positivas tendencias del mercado de trabajo se revirtieron abruptamente.

  • Para el año 2017, la cantidad de trabajadores registrados había descendido hasta 6.529.125, ubicándose por debajo de los niveles de 2015.

  • En cuanto al promedio anual de creación de empleo para el periodo 2015-2017, el mismo fue de -0,18%, señalando la destrucción de empleo.

  • Por lo tanto no se verifica el estancamiento: hay un periodo de creación de empleo (2003-2015) y uno de destrucción (2016 y 2017).

  • Tampoco se puede considerar el promedio mentiroso vertido en el mensaje del proyecto de ley que busca enmascarar los guarismos negativos de la Presidencia Macri valiéndose de los datos positivos de las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner, manipulación inadmisible pues los dispares resultados obedecen, precisamente, a dos periodos políticos y dos modelos económicos sencillamente antagónicos.

Habida cuenta de los datos oficiales expuestos más arriba, se derrumba, también, por mentiroso el argumento de que los resultados económicos sean consecuencia del marco institucional. Como ya se vió el marco legal-institucional vigente permitió 12 años de caída persistente de la desocupación, y de creación de trabajo registrado asalariado en el sector privado de la economía. Con el mismo marco legal Macri logró reinstalar la desocupación creciente, en un contexto de destrucción de empleos asalariados de calidad en el sector privado. Ello obedece no al marco institucional que rige sobre el mercado de trabajo, sino, sencillamente, al cambio de política económica. Al privilegiar la especulación financiera sobre la producción y el trabajo. Al promover, directamente, los despidos, poniendo al Estado a la cabeza de tan indigna tarea. Al implementar una política de ajuste permanente a la par que se endeuda a nuestra Nación irresponsablemente introduciéndola en un círculo vicioso que obliga a un ajuste cada vez mayor toda vez que se destinan los recursos públicos al pago de servicios de esa deuda ociosa que en nada beneficia a los argentinos.

Por lo tanto, antes de continuar con el análisis del articulado de la norma que se propone, hay que decir que bien podría el Ejecutivo ahorrarnos a los argentinos la angustia de un debate que propone hacer retroceder al siglo XIX el derecho laboral.

Si la motivación de la reforma, como se enuncia en su mensaje, fuera la problemática de la desocupación y cómo crear empleo, lo único que debe hacer el Sr. presidente es cambiar el rumbo de la política económica. No necesitamos modificar las leyes que rigen sobre el mercado y las relaciones laborales. Necesitamos una política económica acorde y no contraria a los deseables objetivos de reducir el desempleo y crear trabajo de calidad y bien remunerado.

Se sigue de lo anterior que no hay “todo ello” que se agudice porque, como bien mostramos, hay un periodo de crecimiento y generación de empleo y otro de recesión, estancamiento y avance de la desocupación. Y mucho menos se pueden adjudicar los retrocesos en materia económica y social que está produciendo la política de Cambiemos a una supuesta “inseguridad jurídica” que se le atribuye a las leyes que protegen a la parte débil de la relación laboral: el trabajador. En cambio, y en vista de las modificaciones que sobre el derecho laboral se buscan imponer, es evidente que es precisamente la inseguridad jurídica lo que se promueve y se pretende legalizar: la inseguridad jurídica para los trabajadores y trabajadoras argentinas a los que se estarían amputando derechos, empleos y salarios.

Llama la atención, en el texto del mensaje, la mención al artículo 75, inciso 19 de la CN. En nuestra carta magna existe un artículo, el 14 bis, que se refiere precisamente a la protección sobre el trabajo y los derechos del trabajador. En este aspecto, el silencio es elocuente. Sin embargo, la plena instrumentación de ese artículo 14 bis sería, por cierto, un buen punto de partida para discutir una reforma de cara al futuro y no de marcha atrás a épocas superadas por el progreso de los pueblos, una reforma que nos conduzca al desarrollo económico y social, que promueva la mejora en la calidad de vida de todos los argentinos, con más producción, más empleo, sin grandes mayorías de excluídos ni pequeños reductos de privilegiados.

Más allá de la fe neoliberal del gobierno que inspira esta reforma flexibilizadora, inscripta en la misma tradición que se instauró en nuestro país bajo el sello de Martínez de Hoz, debemos poner de relieve cuáles serán los resultados que se obtendrán si esta reforma prospera: se profundizará la caída de los salarios de los argentinos y, con ella, seguirá deprimiéndose el consumo, restando estímulos a la inversión ante la insuficiencia de demanda, lo que redundará en menores niveles de producción y de empleo.

En todo caso, sería más digno que el gobierno se ahorrase los argumentos falaces, mentirosos, desmentidos por sus propias estadísticas oficiales, y les dijera en la cara a los argentinos lo que de verdad busca con esta reforma: alterar la balanza, como lo viene haciendo con cada una de sus políticas, en favor del gran capital y a expensas de los trabajadores. O sea, legislar en favor del sector al que responde y representa, el de los grandes empresarios, destruyendo el contrato social que, construido a lo largo de muchos años y muchas luchas, protege al trabajador. A la postre, satisfacer la histórica obsesión presidencial de recortar los salarios que considera un costo, para obsequiar con ganancias fáciles a sus amigos corporativos.

Pero, como en la canción, “nada es para siempre”. Nada es permanente. Ni las reformas. Ni el ajuste. Ni el deterioro de la calidad de vida de las mayorías. Ni la sustracción de derechos. Y mucho menos el favor popular hacia los gobiernos que lo promueven.